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Primeras impresiones de ‘El Jardín Espectral’, episodio 6 de Hammer and Bolter

La serie de Warhammer+ de historias cortas es otra de las grandes protagonistas de Warhammer+ en su sección de animación. Hoy hemos podido disfrutar de este sexto episodio.

Cada semana iremos comentando nuestras primeras impresiones de la serie Hammer and Bolter de Warhammer+, cuyos cuatro primeros capítulos ya están disponibles en el servicio online de WarhammerTV. ¡Ojo, porque todo lo que hay en este artículo son spoilers!

In the Garden of Ghosts (El Jardín Espectral) es la sexta historia corta de la antología Hammer and Bolter. En este episodio de 22 minutos, el más largo hasta ahora de la serie, conocemos a dos primos: el brujo asuryani Iocarus y la proscrita Drasalia. Recorren un Mundo Astronave devastado, que parece ser su antiguo y remoto hogar. El brujo puede ver con sus poderes lo que había en ese Mundo Astronave antes del cruel ataque que masacró a sus habitantes, y con aspecto melancólico intenta encontrar joyas espirituales entre los muertos. La proscrita no encuentra consuelo en lo que hacen, sólo ve un mundo muerto y no entiende qué van a sacar de allí. Pero para Iocarus, cada joya rescatada merece la pena por completo.

No tardan en encontrarse con marines espaciales muertos. Ultramarines, caídos entre cuerpos de guardianes y escorpiones asesinos de los Asuryani. Es entonces cuando conocemos al Exarca Omo Dai de los escorpiones asesinos, meditando junto a muchos otros intercesores Ultramarines muertos hace muchísimos años alrededor de un enorme Avatar de Khaine petrificado.

El Exarca quiere que el brujo toque el cadáver del Avatar y pueda ver lo que ocurrió. Drasalia no entiende qué hay que ganar en ver el pasado en vez de forjar el futuro, pero claramente Iocarus está buscando algo que Drasalia desconoce, y toca al Avatar. La visión lo transporta a la batalla del pasado, con intercesores, repulsores e impulsores de los Ultramarines enfrentándose a los Asuryani. El Exarca Omo Dai también está en la batalla junto a sus Escorpiones Asesinos.

Los guerreros especialistas y su Exarca parten intercesores por la mitad con facilidad. Un teniente con escudo tormenta se ve al fondo, y al ir a por él se interponen intercesores de asalto. Omo Dai los mata en una escena que alcanza los niveles de violencia salvaje del episodio de las Hermanas de Batalla o incluso los supera. Tras intercambiar sus opiniones sobre lo xeno que es uno y lo bárbaro que es el otro, Omo Dai mata también al teniente primaris a pesar de su escudo tormenta y su espada de energía artesanal.

Un Dreadnought Redemptor se enfrenta después contra el Avatar de Khaine… que es enorme. Un potente disparo del cañón principal de un Repulsor Executioner impacta al Avatar en el pecho, pero el demonio consigue soportarlo y seguir adelante. Llega hasta el Dreadnought Redemptor y lo revienta de forma brutal. Sin embargo, una gran cantidad de disparos de rifles bólter de intercesores están acabando poco a poco con el Avatar. El Exarca lo ve claro: el Avatar se está sacrificando para que ellos puedan vivir. Ordena la retirada.

La visión termina, el Avatar de Khaine petrificado se convierte en polvo. Pero Iocarus sigue metido en la visión, no puede salir. Omo Dai le explica a Drasalia que no pueden intervenir, pues así es la Senda del Vidente. El brujo corre hacia la zona donde en el pasado estaban las naves que evacuaban el Mundo Astronave, atacadas por Caballeros Imperiales e incluso un Titán.

Y así es como al fin el brujo encuentra lo que buscaba… o más bien a quien buscaba. Yshara, su madre, que lo llevaba en brazos. Pide al niño que se vaya, en una escena muy emotiva. Aunque mucho más emotivo es el final, en el que Iocarus encuentra la joya espiritual de su madre, y la introduce en un Guardián Espectral en una escena llena de tristeza y que consigue un efecto realmente inspirador al mezclar la música de Jonathan Hartman con el triste reencuentro entre madre e hijo.

Estamos ante el capítulo de ritmo más pausado de la temporada, un evidente acierto para dejar clara la potente melancolía que rodea a los Asuryani. De hecho, esa tristeza constante sirve para que los momentos de combate puedan brillar más y que la violencia y el odio de los Ultramarines contrasten poderosamente con los habitantes del Mundo Astronave. El final consigue ser a la vez bonito y triste, capturando el eterno drama Aeldari.

Como final jocoso, esta vez ha cambiado el clásico texto de los otros episodios sobre que ningún servocráneo, bestia fenrisiana o querubín ha sido dañado al hacer el episodio. Esta vez dicen que ningún Teniente Primaris ha sido dañado, aunque es sin duda falso. Al menos uno de ellos murió horriblemente.

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