La devastación de Baal

Junto con la filtración de reglas de ayer, la misma fuente también incluía los textos relativos a la devastación de Baal, planeta natal de los Ángeles Sangrientos. Veamos qué nos depara la Octava Edición para Baal, uno de los grandes sistemas del Imperio Oscuro:

Tras sacrificar los mundos escudo del Sistema Cryptus para rechazar el primer avance de los xenos, el mismo planeta Baal se vio bajo asedio de un intenso ataque de la Flota Enjambre Leviathan. La flota Tiránida era de tal tamaño que incluso tras pérdidas considerables había borrado las estrellas del cielo. El Lord Comandante Dante reforzó las defensas del mundo natal de los Ángeles Sangrientos y sus lunas como nunca…

…antes. Como era de los que no les gustaba esperar, también envió fuerzas de contraataque para ralentizar, confundir y reducir a la armada viviente. Cientos de pequeños tentáculos del Enjambre fueron vencidos. La llamada de Dante a los Capítulos sucesores de los Ángeles Sangrientos pidiendo ayuda inmediata no se quedó sin respuesta. Los Desgarradores de Carne fueron los primeros en llegar, pero al final todos los Capítulos sucesores respondieron, menos los Lamentadores. Incluso los Caballeros de la Sangre, que habían sido declarados Excommunicate Traitoris por los Altos Señores de Terra, llegaron para reforzar las defensas. Pero aun así no fue suficiente.

Aprendiendo a una velocidad exponencial, la Flota Enjambre Leviathan no podría ser frustrada una segunda vez con la misma táctica. Avanzando sin descanso, su superioridad numérica limpió el sistema de vida antes de desembarcar en Baal y sus dos lunas. Las primeras 19 oleadas, cada una más grande que la anterior, fueron rechazadas con grandes pérdidas por parte de los Ángeles Sangrientos y sus sucesores. Cinco Señores de Capítulo cayeron en la agria lucha, tres de ellos en la Batalla de la Cúpula de los Ángeles. Los Tiránidos comenzaron el proceso de absorción de Baal y sus lunas, incluso absorbiendo los desiertos radioactivos de Baal Secundus. Con sus defensas en ruinas y las lunas ya rotas, los Marines Espaciales restantes se retiraron a las ruinas de la desmadejada Fortaleza Monasterio de los Ángeles Sangrientos. Allí, se prepararon para un último combate mientras la siguiente oleada se desencadenaba sobre ellos. La destrucción, por lo que parecía, había al fin llegado para los Hijos de Sanguinius.

Fue entonces cuando la Gran Grieta se abrió partiendo la galaxia, y el marchito sistema Baal fue azotado por tormentas de disformidad. Aunque no llegaron más ataques de la flota Leviathan, no quedaba vivo ningún defensor imperial en la última luna, Baal Prime. Y en el propio Baal había Tiránidos suficientes como para destruir a las fuerzas imperiales varias veces. Incluso sin tener ninguna opción de victoria, el Comandante Dante dirigió a sus tropas, con cada sufrida retirada pareciendo más desesperada que la anterior. Cuando el perímetro final fue roto, las estrellas reaparecieron. Mirando hacia el cielo, los Tiránidos buscaron contacto con su flota enjambre, pero se había ido, reemplazada por una recién llegada flota imperial.

Como un ángel vengativo llegó Roboute Guilliman con su cruzada. Tras muchas más batallas, Baal fue finalmente limpiada de la amenaza xeno. Una gran reconstrucción del planeta y del Capítulo comenzó, ya que los Ángeles Sangrientos y sus sucesores eran muy necesitados en otros sitios. Lo que pasó con Leviathan es un misterio, aunque una pista fue encontrada en la ahora luna estéril Baal Prime. Cráneos xenos se apilaban hasta una altura imposible, en el símbolo muy vil y con ocho pilares de uno de los más terribles y antiguos némesis de los Ángeles Sangrientos: el Devorador de Almas Ka’Bandha.

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