La Batalla por el Paso 215: las fuerzas de Abaddon, Mortarion y Magnus se preparan para la guerra

Hoy presentamos al gran ejército apocalíptico que luchará a favor del Caos en La Batalla por el Paso 215, el evento narrativo de Kill Team y Apocalipsis que se celebrará en el IX GT de Talavera. Se trata de Abaddon, que ha logrado que Magnus y Mortarion ataquen en el mismo lugar que a él le interesa.

El Capítulo Renegado conocido como los Portadores de Muerte había servido fielmente a Abaddon durante la 13ª Cruzada Negra, y su recompensa fue a la vez una importante carga: debían dominar y proteger el Paso 215. Eso implicaba a su flota y a sus mejores recursos, desde enormes tanques super-pesados reliquia hasta a un inmenso Señor de los Cráneos de Khorne, todos ellos bajo la dirección de Lord Traviax Lightnus.

Todo marchaba según lo previsto hasta que cuatro inesperadas alarmas de entrada en el planeta…

Nadie se arriesgaría a que Silencio le segara la vida de un leve giro de muñeca del Primarca de la Guardia de la Muerte. En presencia de Mortarion, cualquier hombre se sentiría inferior y débil. Pero Golpe Barbudo no era un hombre. Era un Príncipe Demonio, el 783º favorito de Nurgle. Un número débil, pero una personalidad ambiciosa.

Su mensaje era claro y conciso: su viejo aliado Lord Traviax iba a ser atacado muy pronto por el Regente Imperial en persona. Era una operación relámpago y Guilliman no esperaba resistencia por lo que no le acompañaban los Custodes ni las Hermanas del Silencio. Ni mártires. Sólo marines espaciales recién reclutados ese siglo y cuatro palmeros más.

Era el momento. En las Guerras de Plaga se le había escapado por muy poco. No volvería a ocurrir. A fin de cuentas, Golpe Barbudo ha traído la noticia a la tercera hora del séptimo día desde que tres nurgletes vomitaron sobre Silencio. No podía ser casualidad. Era el momento de coger a Guilliman por sorpresa y terminar de una vez por todas con él para poder ampliar las Estrellas de Plaga hacia Ultramar sin oposición.

Magnus el Rojo abrió su ojo, irritado, y fijó su mirada en sus dos interlocutores. De Ahriman no esperaba nada. Su alianza era de conveniencia para ambos, pero le resultaba molesto tener que escucharle. El trono de Magnus en el Planeta de los Hechiceros refulgía con más colores de los que existen, y aunque eso no amedrentaba al gran Ahriman, sí que afectaba en cierto modo a Kwal’tinus, un hechicero que hacía varios milenios había abandonado a los Mil Hijos para unirse a los Portadores de Muerte de Lord Traviax, un traidor al Imperio. Todo en esa historia repugnaba a Magnus.

– Repíteme de nuevo por qué no debería acabar con tu lamentable vida, Kwal’tinus – dijo el Cíclope, visiblimente irritado.

– Porque en todos los posibles destinos que podamos tener por delante, ninguno de ellos complacerá tanto al Gran Arquitecto como el que tiene a Lord Guilliman convertido en un trofeo del Planeta de los Hechiceros.

– Me aburres.

Ahriman intervino, ante la evidencia de que Kwal’tinus sería fuliminado en pocos segundos.

– No debemos olvidar que nunca habrá posibilidad de llegar al Palacio Imperial mientras Guilliman siga al frente del Imperio. Es un acto arriesgado, pero el potencial beneficio es muy alto.

Magnus suspiró, volviendo su mirada hacia Ahriman. ¿Qué era lo que buscaba en ese planeta perdido de la Gran Fisura? No podía ser simplemente lo de intentar sorprender a Guilliman. Eso no se lo iba a creer. Pero Ahriman tramaba algo.

– Vayamos, entonces. Será un ataque quirúrgico, si realmente hay posibilidad de que mi usualmente precavido hermano no esté tan protegido como sugiere Kwal’tinus. No sacaremos nada de todo esto, pero vamos a ir…

Ahriman empezó a preocuparse. Quizá esa vieja reliquia de Abaddon no sería suficiente pago para el riesgo que estaba tomando. Pero si quería acercarse de nuevo a esa sucia Ynnari no le quedaba más remedio que seguirle el juego al señor de la Legión Negra, al menos por ahora.

Lord Traviax no se lo podía creer. Habían llegado a la vez al planeta la Legio Mortis y Abaddon en persona, Mortarion con su Guardia de la Muerte y un pequeño pero letal grupo de Mil Hijos incluyendo a… ¡Magnus y Ahriman!

Hacía meses que no sabía nada de Golpe Barbudo y Kwal’tinus. Abaddon requirió su presencia por motivos ignotos. ¿¡Y ahora una inmensa flota imperial dirigida por Guilliman estaba barriendo su flota y preparando un desembarco¡? Si todos sabía que esto iba a ocurrir, ¿cómo es posible que nadie le haya avisado para preparar las defensas convenientemente?

Abaddon contemplaba a los dioses más fiables desplegarse en el planeta: los titanes de la Legio Mortis. El bombardeo orbital previo de las fuerzas imperiales había sido previsible y eficaz, como era de esperar en Guilliman. Ahora bajarían, esperando encontrarse al desprevenido Traviax y sus Portadores de Muerte protegiendo los portales demoníacos. Pobre diablo. No había mejor forma de que pareciera vulnerable que dejarlo ser vulnerable.

Tras la batalla, la cabeza de Guilliman estaría en su garra. No había sido sencillo engañar a dos Primarcas para ayudarle a matar a este otro Primarca. Pero eran todos ellos tan previsibles. Él llevaba planeando la Batalla del Paso 215 desde hacía dos siglos, desde el momento en que se abrió la Cicatrix Maledictum. El plan no podía salir mal.

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